El club de los poetas suicidas: Francisco López Merino.
Se dispara un tiro en la sien en el retrete de un café en la ciudad de La Plata. "... Esta hora es perfecta / Para un último hálito..." El alma se me llena de estrellas: El alma se me llena de estrellas cuando pienso que moriré. Imagino espirales de incienso decorando la caja mortuoria; luego el canto triste de las campanas. (Igual que en viernes santo llorarán las campanas porque yo fui creyente, porque yo hablé de Cristo melancólicamente.) Después, ese silencio divino que buscaba día a día en la vida, pero que no encontraba. Después, la paz profunda. Y al poco tiempo, acaso, se esfumarán mis ojos en el pálido ocaso del recuerdo… Y entonces el compañero amado dirá que fui una llama de luz que se ha apagado. Y la amiga lejana de mis días adversos abrirá el cofrecillo lírico de los versos y volcará las hojas pálidas de las rosas que yo gusté ofrendarle en las tardes hermosas. Mientras tanto la muerte no llega… Pienso en ella y en mi alma florece de emoción una estrella.