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Consumirse

Se sintió frustrada, era un sentimiento constante, en realidad, desde que comenzó a hablarle cada vez que pensaba en él pasaba del placer a la frustración en unos segundos. Lo quería tener, maldita sea, quería tenerlo cerca, besarlo, susurrarle cosas al oído, abrazarlo, oler su piel, sentir su tacto, quería saber si su cabello era suave, si sus manos estaban ásperas, el color exacto de sus ojos, quería tenerlo cerca, junto a ella, dentro de ella, no importaba realmente. Quería saber cómo se sentiría hacerle el amor, cómo se sentiría dormir entre sus brazos grandes, escuchar su respiración, sentir sus besos calientes en todo el cuerpo. Más allá de eso, más allá del deseo físico que la consumía, ella quería saberlo todo sobre él. Quería saber cómo se escuchaba su risa, cómo sonaba su voz, cómo iba a reaccionar cuando le dijera todo lo que quería de él, quería ver su sonrisa, porque casi podía imaginarla, quería saber si había sufrido, si había sido feliz, cuándo fue el día más triste...

Simplemente tenerse.

Venía ese momento, ese terrible pero ansiado momento en que finalmente iba a tenerlo frente a ella, sólo para ella, todo para ella. Estaban frente a frente y no se le ocurría qué decir, probablemente nada de lo que dijera sería la palabra correcta, porque todo se convertía en un sacrilegio al momento de tenerlo ahí. -Tómame.- Murmuró finalmente. -Tómame entera.- Y él obedeció, la besó con ternura primero, como pidiendo permiso, y al verla ansiosa, con pasión y desenfreno, finalmente pudo dar rienda suelta a todo aquello que sentía, pudo volver realidad todas las fantasías que había imaginado en las noches de insomnio, la tomó por los muslos e hizo que enrollara sus piernas en sus caderas para llevarla a la cama, aunque sinceramente podría tomarla allí mismo, pero sentía que se merecía lo mejor. La besó hasta que necesitó respirar, le arrancó la ropa a tirones y finalmente la tuvo como quería, desnuda y pequeña frente a él, toda para él, sólo para él.  -Eres deliciosa.- Y ella...

Una noche.

Estaban sentados frente a frente y podía jurar que ahí, bajo esas luces tenues y con un par de cervezas encima parecía más hermosa si se podía. Llevaba una blusa con los hombros descubiertos y de mangas largas y un jean negro a la cintura con zapatos de tacón, iba maquillada y tenía el cabello suelto sobre los hombros, estaba más hermosa que nunca. Tenía su mano izquierda sobre la mesa, tan cerca de la de ella que podía rozar sus dedos si los estiraba, pero ella parecía ajena al hecho, observaba sus hombros desnudos, la forma en que reía, sus ojos fijamente posados sobre los suyos y sólo podía pensar en que sería suya. Ella, por su parte, sólo podía observar como sus labios se movían, podía decir que ya estaba enamorada de esos ojos marrón profundos y expresivos, pero sería demasiado, ella sí se percataba de la cercanía de su mano ¿cómo no hacerlo? si incluso con la mesa de por medio podía sentir el calor que emanaba su cuerpo, Dios, tenía tantas ganas de tenerlo cerca. Hablaron mu...

Otro grito ahogado.

Hoy venía del trabajo y me sentía exhausta, cansadísima, vieja y acabada, vi mi cara reflejada en la puerta del autobús y quién me devolvía la mirada ya no era una joven alegre y llena de sueños, ya no era la niña de largo cabello castaño con mirada divertida y pícara, era una mujer diferente, quién me devolvía la mirada era una mujer cansada y terrenal, tan simple que me dio miedo, le sonreí levemente a mi reflejo pensando "tranquila, preciosa, que vienen cosas grandes" pero ¿cómo saberlo? paramos en el semáforo dónde un grupo de estudiantes con pancartas gritaban consignas y me dieron un panfleto "Si guardáramos un minuto de silencio por cada venezolano asesinado en 2013 estaríamos callados durante 15 días." lo leí y miré a las personas a mi al rededor, a mi lado, una niña de unos 14 años con una sonrisa leve escondida en los labios, más allá, un señor sudado con ropa de trabajo y a su lado una mujer con un moño a la altura de la nuca y bellísimos labios rojos, un...

Infinitas veces.

Me han descosido y vuelto a coser infinitas veces me han dejado en el anonimato me han regalado mil nombres me han vestido y algunos más me han desvestido me han convertido en poesía y en villana patética en una fiera y en una mujer de fantasía me han hecho Diosa y me han mandado al infierno infinitas veces. He visto al amor a la cara y me ha volteado el rostro con desprecio la realidad me ha golpeado en el pecho y la fantasía me escribe por las noches infinitas veces. Me han obligado a crecer me han hecho mujer me he hecho mujer y me han amado como a una niña y me amo como una niña me han susurrado barbaridades al oído e insultos y palabras de amor y de odio y de deseo infinitas veces. Me han mirado como a una heroína y como a una bruja y como se mira la magia infinitas veces. Me han amado y me han odiado y me odian infinitas veces me han creído capaz de todo y de nada me han creído efímera y eterna brillante hermosa sensual y tan triste in...

Un milagro.

Tardé un segundo en darme cuenta de lo que intentaba hacer, lo miré fijamente y estallé en carcajadas. -¿Hablas en serio?- Pregunté entre risas. Él comenzó a reír también. -Muy en serio.- Dijo aún extendiendo su mano, yo la tomé, sonriendo ampliamente, la idea de él bailando se me hacía sumamente graciosa, pero cuánto quería estar cerca de él. Me pegué a su cuerpo, tomando su mano y poniendo la otra en su hombro, sentí la suya en la cintura, firme y segura, amaba eso de él, era excesivamente seguro de sí mismo, no necesitaba demostrarle nada a nadie. Besó mi cabeza con suavidad, sentí su barba rozarme la frente y sonreí contra su pecho.  -¿Sabes? Pasado tanto tiempo de hablar y conocernos, teniéndote cerca todos estos momentos, y disfrutando de tu grata compañía yo considero prudente...-Dije riendo suavemente, sabía cuánto le gustaba que adornara las cosas. -Dilo.- Me pidió, casi suplicante, mientras hundía más sus dedos en mi cintura. -Te quiero, bichito.- Susurré suavement...

Corto para el alma.

Me gusta cuando me recojo el cabello en un moño y estoy todo el día ocupada, enfundada en un uniforme detestable, en un lugar incómodo por horas y horas, pensando en estar entre tus brazos cálidos, y luego regreso a casa, tomo una ducha, entro a la cama y me escurro a tu lado. Y me suelto el cabello, rebelde y abundante, que desprende enseguida un delicioso olor a frutas, y me besas en cuello y los labios. T engo ganas de sentirte cálido, rodeándome. Me gusta cuando salgo del baño desnuda, y me observas atento, con el cabello cubriéndome la espalda y los defectos, me tomas de las caderas, con tus manos grandes y ásperas, me besas el vientre, y bajas y bajas. Me gustas, arrodillado ante mí, como una diosa, cuando enredo los dedos en tu cabello, y pongo la cabeza hacia atrás, mirando al cielo, porque sólo de ahí puede venir tanto placer. Me gusta cuando me rodeas con tus brazos, y nuestros alientos se mezclan, y puedo sentir tu piel bajo mi tacto.