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El traje nuevo del emperador.

"No tiene que ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad." Esta es básicamente la moraleja de un cuento que estaba recordando hoy, llamado "El traje nuevo del emperador." El cuento es más o menos así: Había un Emperador sumamente vanidoso que disfrutaba vestir los mejores trajes y derrochar dinero en joyas y vestimenta ostentosa. Un día, un par de charlatanes le hicieron creer que le confeccionarían un traje de la tela más suave jamás creada, además, el traje tenía la capacidad de hacerse invisible ante los ojos de cualquiera que no fuese digno de su cargo, obviamente todo esto era mentira, y el par de sinvergüenzas se quedaron con el oro y los materiales preciosos que pidieron para el traje y no existió nunca tal prenda, pero el emperador estaba demasiado asustado pensando en si podría o no ver la prenda, así que envió a dos de sus hombres a verla antes, los cuales, por supuesto no admitieron que no podían verla sino que la elogiaron, dándole adjetivo...

La novela de Perón.

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"Si el lector lo prefiere, puede considerar este libro como una obra de ficción. Siempre cabe la posibilidad de que un libro de ficción deje caer alguna luz sobre las cosas que antes fueron narradas como hechos."  Ernest Hemingway París era una fiesta   "Los argentinos, como usted sabe, nos caracterizamos por creer que tenemos siempre la verdad. A esta casa vienen muchos argentinos queriéndome vender una verdad distinta como si fuese la única. ¿Y yo, qué quiere que haga? ¡Les creo a todos!  Juan Perón al autor, Marzo 26 de 1970 Con estas dos frases, una del escritor americano y otra del General, empieza La novela de Perón. Sí, novela, porque en palabras del autor "Novela significa licencia para mentir." La novela empieza con un zorro viejo, el 20 de junio de 1973 (el día de la masacre de Ezeiza) un General con miedo -¿miedo?- a volver, pero volviendo. Aunque la novela empieza este 20 de junio, transcurre en ella toda la vida de Perón -reali...

Rebeca Stones, una chica y un sueño.

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Como muchos saben, me encantan las vloggers de moda, sigo muchísimas y sus vídeos me fascinan, he hecho algunos otros post, sobre  Mi vlogger favorita  y otro sobre Mariale, sin embargo, este es un poco más especial.  Hoy les voy a hablar de una chica que descubrí hace cosa de dos años, quizás menos, no recuerdo muy bien, pero que a pesar de que era una niña (ella tenía 14 años, para entonces) me encantó, por su personalidad tan parecida a la mía, su dulzura y sobretodo sus ganas de cumplir su sueño. Rebeca Stones, es una joven Youtuber, actriz (excelente actriz), presentadora de Tv y ahora AUTORA de un maravilloso libro (no lo he leído, pero las reseñas son tan buenas que no puede ser de otra manera)  Rebeca es una joven increíble, hermosa, graciosa, divertida y demasiado creativa que te cautiva a penas la ves. Pero lo que verdaderamente me llegó al corazón, es que Rebeca, desde que la vi la primera vez, había dicho en demasiados vídeos que su sueño era escribir...

Catarsis.

Estaba cansada, agotada, es como si todo este tiempo, ella no hubiese estado viviendo su vida, sino viendo como su cuerpo se mueve y repite acciones día tras día, y ella sólo observara, demasiado perezosa para hacer nada, es como si estuviese dormida, un poco muerta en vida. De repente era como si el mundo le quedaba demasiado pequeño, o la miseria demasiado grande. Le asqueaba el mundo, le asqueaba la gente que la rodeaba, le asqueaba sonreír, le asqueaba ser amable, y simplemente todo se cayó, y su buen humor se vio truncado por la realidad que aquejaba su alma y que finalmente decidió sacar al exterior, porque ella no tenía por qué fingir ser feliz, si se encontraba tan insatisfecha con el mundo. Volvió a su cuerpo como si la hubiesen sumergido en una tina de agua fría, pero su cuerpo ahora era demasiado pesado, y su alma difícilmente podía sostenerlo, así que caminaba lento, hablaba rápido, reía demasiado fuerte, y decidió ser tal como le diera la gana. No le impor...

Consumirse

Se sintió frustrada, era un sentimiento constante, en realidad, desde que comenzó a hablarle cada vez que pensaba en él pasaba del placer a la frustración en unos segundos. Lo quería tener, maldita sea, quería tenerlo cerca, besarlo, susurrarle cosas al oído, abrazarlo, oler su piel, sentir su tacto, quería saber si su cabello era suave, si sus manos estaban ásperas, el color exacto de sus ojos, quería tenerlo cerca, junto a ella, dentro de ella, no importaba realmente. Quería saber cómo se sentiría hacerle el amor, cómo se sentiría dormir entre sus brazos grandes, escuchar su respiración, sentir sus besos calientes en todo el cuerpo. Más allá de eso, más allá del deseo físico que la consumía, ella quería saberlo todo sobre él. Quería saber cómo se escuchaba su risa, cómo sonaba su voz, cómo iba a reaccionar cuando le dijera todo lo que quería de él, quería ver su sonrisa, porque casi podía imaginarla, quería saber si había sufrido, si había sido feliz, cuándo fue el día más triste...

Simplemente tenerse.

Venía ese momento, ese terrible pero ansiado momento en que finalmente iba a tenerlo frente a ella, sólo para ella, todo para ella. Estaban frente a frente y no se le ocurría qué decir, probablemente nada de lo que dijera sería la palabra correcta, porque todo se convertía en un sacrilegio al momento de tenerlo ahí. -Tómame.- Murmuró finalmente. -Tómame entera.- Y él obedeció, la besó con ternura primero, como pidiendo permiso, y al verla ansiosa, con pasión y desenfreno, finalmente pudo dar rienda suelta a todo aquello que sentía, pudo volver realidad todas las fantasías que había imaginado en las noches de insomnio, la tomó por los muslos e hizo que enrollara sus piernas en sus caderas para llevarla a la cama, aunque sinceramente podría tomarla allí mismo, pero sentía que se merecía lo mejor. La besó hasta que necesitó respirar, le arrancó la ropa a tirones y finalmente la tuvo como quería, desnuda y pequeña frente a él, toda para él, sólo para él.  -Eres deliciosa.- Y ella...

Una noche.

Estaban sentados frente a frente y podía jurar que ahí, bajo esas luces tenues y con un par de cervezas encima parecía más hermosa si se podía. Llevaba una blusa con los hombros descubiertos y de mangas largas y un jean negro a la cintura con zapatos de tacón, iba maquillada y tenía el cabello suelto sobre los hombros, estaba más hermosa que nunca. Tenía su mano izquierda sobre la mesa, tan cerca de la de ella que podía rozar sus dedos si los estiraba, pero ella parecía ajena al hecho, observaba sus hombros desnudos, la forma en que reía, sus ojos fijamente posados sobre los suyos y sólo podía pensar en que sería suya. Ella, por su parte, sólo podía observar como sus labios se movían, podía decir que ya estaba enamorada de esos ojos marrón profundos y expresivos, pero sería demasiado, ella sí se percataba de la cercanía de su mano ¿cómo no hacerlo? si incluso con la mesa de por medio podía sentir el calor que emanaba su cuerpo, Dios, tenía tantas ganas de tenerlo cerca. Hablaron mu...