La noche se presta para la nostalgia.

Quizá las estrellas, quizá el olor a café recién colado, quizá la minúscula cantidad de alcohol que viaja por mi cuerpo, quizá mi autoestima reducida a su mínima expresión, o quizá la aparentemente patológica necesidad de atención, pero esta noche, se presta para la nostalgia... 
Un melancólico panorama envuelto en la más triste oscuridad, un silencio eterno opacado únicamente por el sonido de las teclas al escribir, un sonido turbio, un sonido... como una onomatopeya inexistente, como de algo que es mentira.
Un lacónico sentimiento escondido en una lágrima perenne que viaja por mi rostro y nunca desaparece, una sonrisa que disimula la más pura aflicción sin razón aparente. 
No lo sé, quizá el amar y no ser amada, quizá el deseo de ser escuchada, quizá la esperanza de escribir por siempre, quizá el temor a desaparecer, quizá el pánico a olvidar, quizá el desasosiego que me provoca la simple idea de que hoy estoy y ya mañana seguro ya no, quizá el hecho de que sólo busco razones para sentirme diferente...
O seguramente, es porque estoy enamorada de un hombre en una situación hipotética, pero esta noche se presta para la nostalgia... 

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