Cadenas.

Caminaba descalza, como ajena a todo, como despistada, como ausente, sólo sentía el aire en mi cara, que golpeaba con fuerza secando levemente mis lágrimas y dejando una sombra, como un sendero por mis mejillas, también sentía la hierba debajo de mis pies, como fino algodón, o como seda, como si flotara, como si no estuviese ahí y llegué a la sombra de aquel frondoso abeto, ese árbol que me acogió, me protegió del sol ardiente y de la lluvia que caía suave y despreocupada.
No pensaba en nada, o quizá si, pensaba en él, tenía una pequeña caja en mis manos, llena de cartas, de fotos, de momentos, de te amos, de mentiras, de lágrimas, de letras absurdas. 
Tomé una por una cada foto entre mis dedos, solté las últimas lágrimas y luego la rasgue justo como él había rasgado mi corazón y mi confianza.
Sus cartas, dibujos, me deshice de todos ellos, como para omitir que él alguna vez estuvo en mi vida, y es que me causaba tanto dolor, miedo, inseguridad, duda, incertidumbre... 
Después de eso simplemente me levanté y sobre las puntas de mis pies comencé a dar vueltas, a reír, a sentir el sol quemando ligeramente mi rostro. 
Fui feliz, no sé la razón pero me sentí liberada, dormí ahí, en la hierba, bajo ese abeto y al despertar ya no sentía dolor, como si el estar ahí curara todos mis males... y entonces comí un chocolate. 

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